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Musicoterapia para la adquisición del lenguaje con significado

Actualizado: 1 jul 2023

Un caso real en formato de relato corto.

Conseguir la motivación es gran parte del éxito de la terapia. Y a Marcos le encanta cantar.


Desde Huella Sonora Musicoterapia y con el objetivo de difundir la profesión, se propuso a los musicoterapeutas que contáramos nuestra experiencia con algún paciente, en formato de relato corto. Me animé y mi relato formó parte de los seleccionados. Gracias Huella Sonora por la iniciativa!!.

Fue muy gratificante poner en palabras lo conseguido con Marcos (nombre ficticio) - y no sigo para no hacer spoiler :-)


Transcribo el relato, real en el procedimiento, objetivos y resultado conseguido, y ficticio sólo en el nombre de mi querido Marcos y la forma de describirlo, que es mía propia y del narrador :-), y no de Marcos.



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Sé que es viernes por la tarde, y pensar en ello me hace vibrar de emoción. Aunque la escena se repita cada semana, sigo esperando cada viernes con la misma alegría y expectación que al inicio. Rodeada de silencio, les escucho abrir la puerta y entrar en la sala. Los dos entran sin mediar palabra. Marcos con sus manos sobre los oídos. Un gesto característico en él que indica que, en este preciso momento, no le interesan otros sonidos más que los que oye en su interior. Ana le sigue por detrás, esbozando una ligera sonrisa que la mascarilla no logra ocultar. Se nota que le encanta su profesión, lo que siente y lo que consigue con ella. Y a mí me encanta acompañarla.


Marcos se deja arrastrar en su silla de ruedas hasta el centro de la sala. Continúa tapándose los oídos. Creo que hoy hará falta un tiempo de espera para que Marcos quiera empezar a hacer música. Sé que no importa, y hace años que aprendí a esperar mi turno.

Enseguida, Ana me recoge y se sienta frente a Marcos. Acompañando con su presencia, su mirada y esa complicidad que se ha desarrollado entre ellos. Al cabo de un tiempo indeterminado, Marcos pronuncia unas palabras: “Vamos a hacer música”- dice, en una lengua que entendemos los que formamos parte de su vida.


Recuerdo hace siete años, cuando comencé a sonar a través de Marcos y su comunicación a través de la palabra parecía una utopía. Aunque se hacía entender con gestos y movimientos, era con música con lo que mejor se expresaba. No parecía conocer los nombres de las personas de su entorno más cercano, pero tenía una canción asignada para cada una de ellas. Si compartía o escuchaba una canción con alguien, para Marcos esa melodía pasaba a identificarla. Cantar su canción particular a cada persona era y sigue siendo su forma especial de saludo y reconocimiento.

Marcos disfrutaba reproduciendo las canciones que escuchaba, con un ritmo y entonación que llamaba la atención de sus educadores. Y lo más sorprendente, repetía todas y cada una de las palabras, no sólo del estribillo sino también de las estrofas. Además, podía cantar palabras en cualquier idioma: castellano, inglés, euskera…. Era un imitador musical, de texto y melodía, realmente bueno…pero carecía de recursos para pronunciar una sola palabra fuera de una canción.


Ahora, siete años después, Marcos sigue comunicándose a través de la música, pero también lo hace a través de palabras. Pocas palabras. Frases muy sencillas utilizadas en su contexto comunicativo. Palabras y frases que van ampliándose poco a poco, paso a paso. Semana a semana, Marcos parece haber comprendido, de alguna manera- la suya propia-, que las palabras que él pronuncia mientras canta tienen un significado.


Recuerdo con emoción su primera palabra. Como no podía ser de otra manera, fue la palabra “música”. Enseguida comenzó a utilizarla fuera de la sesión de musicoterapia para comunicar que, precisamente, era música lo que quería.

Otras palabras tardaron más tiempo en llegar. Pero lo hicieron y siguen haciéndolo. Se abren paso a través de la música transformada en habla, creando nuevos puentes en su cerebro dañado, nuevas formas de percibir, de comunicarse, de abrirse al mundo.


El mundo de Marcos ha crecido ampliamente en estos últimos años, superando a su propio crecimiento físico. Recuerdo que cuando empecé a sonar con Marcos lo disfruté mucho, pero al cabo de un tiempo me dí cuenta de que la forma en que rasgaba mis cuerdas era siempre la misma. Los mismos ritmos percutidos, las mismas cadencias, las mismas canciones, las mismas letras.


En paralelo con el resto de su entorno y su mundo físico, Marcos había creado su propio mundo musical en el que se encontraba seguro y cómodo, y no quería salir de él. Rechazaba cualquier cambio de ritmo, cualquier variación de letra propuesto por la musicoterapeuta, que insistía con paciencia en el cambio. A veces disfrutaba de las nuevas propuestas. La alegría duraba tan sólo un momento; enseguida mostraba enfado o se abstraía en sí mismo. Negándose a explorar nuevos sonidos y territorios desconocidos.

Poco a poco fui observando que cada vez pasaba más tiempo disfrutando de lo nuevo que descubría, y pude por fín escuchar nuevos ritmos y armonías saliendo de mi caja, cada vez con más frecuencia.


A día de hoy, Marcos acepta lo nuevo con mayor flexibilidad. De su primera palabra, “música”, ha evolucionado hasta expresarse con otros términos. Todo empieza como si fuera un juego, con una canción de ritmo ternario y cantada a capella, y termina con una palabra.

“Móvil”, su gran herramienta para escuchar música. “Guitarra”, su instrumento preferido para producirla. Le siguen deseos y expresiones como, “quiere comer”, “quiere pintar un dibujo”, “quiere romper el papel” y “choca los cinco”. Y he oído que fuera de sesión va incorporando nuevas expresiones en su día a día. Que repite y reproduce, en algunas situaciones, las mismas frases cortas.


Y así, entre palabras y música, transcurre la media hora de sesión. Marcos canta la canción de bienvenida, se divierte rasgando mis cuerdas al ritmo, entona canciones, ríe a carcajadas con los cantajuegos de palabras, acompaña al ritmo con las maracas, y se expresa con la melódica. Hace sonar ritmos y melodías que cambian según se sienta ese día.


Le escucho disfrutar mientras toca y canta y me doy cuenta de que Marcos es pura música, de que la música es su forma de comunicación más natural. Con ella expresa su sensibilidad, su armonía, melodía y ritmo interior.


A veces le dejaría que sonara todo el tiempo como él quisiera, sin intervenir. Otras veces me doy cuenta de que necesita mi guía para conectar con un mundo más amplio. Me gusta pensar que es así.


Con la canción de despedida, Marcos sabe que el tiempo de musicoterapia ha llegado a su fin. Como al principio de la sesión, se tapa los oídos, tan sólo interesado en sus sonidos internos, quizá volviendo a escuchar en su cabeza los sonidos que acaba de vivir.

Ana me recoge con cuidado y juntos salimos hacia nuestro próximo destino. Volvemos a ser dos, Ana y su instrumento. Nunca lo he compartido con ella, pero durante la sesión tengo la sensación de que Ana y yo somos uno. Ana como musicoterapeuta, y yo, como su guitarra, somos sólo uno cumpliendo la misma función: sonar a través de Marcos.


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